Veredicto en complicidad

En medio de tantos retos la nación cubana ha incentivado durante la última década un reclamo sin tregua para liberar a cinco jóvenes acusados de espionaje contra Estados Unidos. Bríos solidarios amplifican la demanda en todos los continentes y exponen sus argumentos: Los agentes cubanos no buscaban información sensible sobre intereses norteamericanos, su propósito era alertar de acciones terroristas en detrimento de su patria. Elizabeth Noriega.

Desde la Florida el despliegue mediático amplificó la versión conspirativa para complacer a las fuerzas que allí sostienen posiciones anticubanas extremas. Las especulaciones acerca de la denominada Red Avispa atizaron el ya candente escenario de los enconados y contaminaron con su afán de venganza el ambiente judicial. Durante el proceso afloran contradicciones, errores e inexistencia de pruebas para las condenas impuestas. Gerardo Hernández, dos cadenas perpetuas y 15 años de prisión; Ramón Labañino, cadena perpetua más 18 años; Antonio Guerrero, cadena perpetua, Fernando González y René González, 18 y 15 años de prisión respectivamente.

Durante la década transcurrida desde las detenciones el 12 de septiembre de 1998 se han denunciado en todos los contextos posibles las arbitrariedades del auto de procesamiento y de otras actuaciones violatorias del derecho penal. Cuba lidera las acusaciones cuyas voces trascienden en todo el mundo. El coronel norteamericano Lawrence Wilkerson, ex jefe de despacho del general Colin Powell, se ha expresado rotundamente "llega al colmo: castigar con cadena perpetua a hombres que vinieron aquí para determinar cómo y cuándo su país iba a ser atacado por personas que violan la ley norteamericana". Sus declaraciones acontecen tras asistir a una conferencia del letrado de la defensa, Leonard Weinglass, pero también están basadas en la propia experiencia de Wilkerson: “…yo me encontré durante cuatro años en la administración Bush: conozco la profundidad a la cual nuestro gobierno puede hundirse. Tortura. Mentiras. Falsa inteligencia. Tiranía".

Los antecedentes de esta triste historia revelan los entresijos de otro capítulo nefasto para el FBI. En junio de 1998 la seguridad del estado cubano le entrega pruebas documentadas sobre los planes terroristas contra Cuba. Al recibirlas, los representantes del FBI reconocen la contundencia del material y que en dos semanas se daría una respuesta que no fue otra sino la de detener y propiciar la atmósfera irracional que ha primado durante una década. El propio jefe del FBI en Miami, Héctor Pesquera, reconocía entonces que la detención había generado contradicciones con algunos directivos de su jefatura que no apoyaban tal acción.

Al unísono con el concierto internacional que demanda la liberación de los cinco se han desplegado las apelaciones del equipo de la defensa. A pesar de las maniobras para desestimar sus alegatos, los letrados vuelven una y otra vez a emprender sus gestiones y recientemente han anunciado un nuevo recurso tras el fallo del 4 de junio cuando la instancia judicial norteamericana desestima los argumentos de la defensa y ratifica los cargos de culpabilidad imputados a los cubanos. Como parte del grupo defensor Leonard Weinglass ha declarado: “Solicitamos a todo el tribunal una nueva audiencia sobre la base del hecho de que la decisión del panel de junio pasado se basó en informaciones erróneas y una aplicación errónea de la ley”. 

A estas alturas de sus condenas y además de estar dispersos en prisiones del territorio norteamericano los cinco cubanos no solo han encarado que se les prive de libertad por una causa justa. Las autoridades norteamericanas incurren en la violación de sus derechos al prohibir o dilatar la visita de los familiares.   Una vez más les han negado la visa a Olga Salanueva (esposa de René González), y Adriana Pérez (esposa de Gerardo Hernández). Semejantes maquinaciones renuevan las réplicas del movimiento a favor de su liberación y evidencian ante la opinión pública la farsa de un veredicto en complicidad.