Cuba a un año del huracán

Hace un año – el 30 de agosto – las luces en el occidente Cubano no se volvieron a encender. El huracán Gustav azotó la Isla de la Juventud y a la Provincia de Pinar del Río. Al alcanzar 340 km/h el instrumento de medición dejó de funcionar y un récord en la historia meteorológica había sido establecido. La devastación fue aterradora, sin embargo el excelente sistema de defensa civil evitó victimas fatales. Miles de casas habían sido dañadas o destruidas, particularmente en sus techos, pero también fábricas, escuelas, instalaciones de salud, oficinas y establecimientos agrícolas. No quedó practicamente poste de luz o teléfono de pie, los árboles que no cayeron se quedaron sin hojas, la vegetación fue literalmente quemada por los vientos violentos. Anónimo desde Cuba.

 “Teníamos tanta ansiedad de ver verde”, cuenta Marianita de la Asociación de Técnicos Agrícolas y Forestales que apoyó a pequeños/as productores/as agrícolas para que pudieran retomar la producción con herramientas como machetes, regaderas, azadones y camisetas verdes para reemplazar la ropa de trabajo que el viento se había llevado y como símbolo de la esperanza.“Recibimos estos 4 hectáreas hace 3 años. Nadie los quería, dijeron que eran tierras malas, pero lo hemos convertido en un jardín. Gustav no dejó nada, ni plantas, ni casa. Mi esposo se sentó en una piedra y echó a llorar. Le dije que faltaba comenzar de nuevo y volvimos a enderezar los arboles doblados con palos de apoyo. Hoy han vuelto a tener cocos, guayabas y otras frutas. Acá todo el mundo trabaja, hasta la niña cuando no está en la escuela y dentro de poco nos pasaremos del contenedor que nos dieron a la nueva casa”, nos comenta una campesina que interrumpimos en su trabajo bajo el ardiente calor de mediodía.

Todos/as fueron afectados en esta Isla y todos/as se echaron a trabajar, apoyados por el ejercito, contingentes de las empresas de electricidad y teléfono de todo el país y una brigada cultural autogestionada que clavó techos en el día y alivió dolores del alma en la noche. La comida se preparó en cocinas colectivas y nadie tuvo que preocuparse por su salario que las empresas seguían pagando. En cada barrio se constataron los daños casa por casa y la lista de prioridades fue discutida y aprobada en asambleas públicas priorizando familias con menores, gente anciana o con capacidades diversas. Eso ha reducido los conflictos y el hecho que los cuadros se ubican en los ultimos lugares de estas listas da mucha autoridad moral. Todos los bienes son distribuidos según esta prioridad única y sin discriminación de raza, edad, sexo, religión u orientación política (si bien la participación en la comunidad es un criterio y puede que de eso se prendieron asi llamados disidentes para desprestigiar el proceso y lamentar su supuesta marginalización, lo que fue retomado con prontitud por parte del cuerpo diplomático europeo y norteamericano). Para organizaciones internacionales eso facilitó enormente la canalización de la ayuda humanitaria cuya distribución se basaba en la organización y las autoridades locales.

Un año después las heridas aún no han sanado completamente. Porque Gustav fue seguido por Ike que causó graves destrozos en prácticamente todo el resto del país antes de pasar nuevamente por Isla de Juventud y Pinar del Rió. 40 días bastaron para una destrucción equivalente al 20% del PIB del país, 70.000 casas fueron destruidas, medio millón dañadas. A eso se sumó otro huracán – la crisis económica mundial - que dejó acercar los precios pagados por el niquel, principal producto de exportación, a sus costos de producción. Si bien el país ha recibido este año 3% más de turistas que en el 2008, estos/as cuidan sus bolsillos y entra menos a las arcas para reparar los daños valorados en 10.000 millones de dólares.

Sin embargo, los avances son notable. Casi no quedan personas albergadas, aunque la vivienda sigue siendo el problema más grave ya que ni la mitad de las casas ha sido reparada y ni hablar de la reconstrucción de las completamente destruidas. La recuperación durará años y la estación de huracanes de junio a noviembre es anual. Decenas de miles de familias viven en casas provisionales construidas de lo que pudieron salvar. El hacinamiento afecta la convivencia, conflictos y violencia se incrementan. El muy efectivo sistema de salud evitó que se propagaran epidemias y en el año escolar que comienza las aulas en salas prestadas de casas familiares han vuelto a ser una rareza nuevamente. Electricidad, teléfono y red vial han sido reestablecidos hace varios meses ya en su totalidad.

Particularmente en el campo la gente comenzó de inmediato con la limpieza de campos y la resiembra. Yanisleidis Rodriguez nos cuenta con orgullo que el huerto urbano en el reparto Abel Santamaría cosechó en los 100 días después del huracán 11.45 toneladas de verduras y frutas que fueron comercializados a precios accesibles a la población. Para fin de año la oferta de verduras no era muy variada aún, pero en cantidad suficiente para satisfacer la necesidad. En muchas partes las palmeras derribadas fueron utilizados para sacar tablas y vigas para la reconstrucción de miles de viviendas tradicionales – en parte con cocinas de ladrillo y cemento que en caso del siguiente huracán servirán de refugio. Y para asegurar que este arbol nacional siga marcando el paisaje cubano se han establecido vivieros con un múltiple de las palmas derribadas.

Pero no solo en los vivieros se vuelve a ver el verde. 10% de la superficie agrícola cubana – parte de las grandes extensiones no cultivas – han sido entregados en los últimos 10 meses a más de 80.000 familias para que produzcan en ellos. Felicito ya sabe que hará con los 13 hectáreas que iba recibir en la semana después de nuestra visita, sembrar árboles frutales. Para ello ha pasado días en el basurero hasta haber juntado 4000 bolsas plásticas de leche que le servirán que en ellas germinaran las semillas buscadas en su entorno.

La agricultura urbana fue parte de la respuesta cubana a la grave crisis al inico de los años 90, cuando la caida del socialismos real redujo la economía en un tercio. Miles de parcelas en las ciudades son hoy en día trabajados por unas 300.000 personas que producen decenas de toneladas de verduras, frutas y otros productos, utilizando métodos orgánicos y rotación de cultivos. Los huracanes no dejaron más que la tierra desnuda donde habían casas de cultivo y canteros sembrados. Pero a los pocos días del “accidente” las siembras realizadas de inmediato volvieron a reverdecer el paisaje y después de un mes se pudieron extraer los primeros frutos. Parece increíble, pero en la Isla de la Juventud han sido cosechados 23% más de frutas y verduras en los primeros seis meses del año 2009 que en el mismo período del año anterior a pesar de que Gustav destruyó literalmente todo menos la voluntad de la gente. 400 gramos por día es la cantidad asegurada y ha sido posible inclusive de proveer algo para el polo turístico de Cayo Largo.

Seguramente no fue un año fácil para Cuba y su gente, pero también un año marcado por la solidaridad, por trabajo duro y por mucho reverdecer que da esperanza en este período de tempestades económicas y – por el estilo de vida en los países industrializados – climáticas.