Cuba: poder adquisitivo y doble moneda

El análisis de esta situación, por lo menos lleva a la creencia de que es mísero el poder adquisitivo de los trabajadores cubanos y, por tanto, con toda una mala fe se alimenta la idea de una extrema pobreza en la Mayor de las Antillas. Sin embargo, la realidad es cualitativamente distinta y en rigor compleja. Aquí va una explicación, grosso modo. Noel Manzanares Blanco. Kaos en la Red.

Con el cuño de la prensa internacional y, particularmente, de corresponsales de agencias acreditadas en La Habana, se reitera una conversión ficticia acerca de lo devengado por quienes trabajan en el archipiélago nacional, a saber: si la suma del salario o sueldo es de un ingreso mensual de 500 pesos, entonces se deduce que se trata del equivalente a 20 CUC (moneda convertible —menos de una veintena de dólares, según el cambio oficial).

El análisis de esta situación, por lo menos lleva a la creencia de que es mísero el poder adquisitivo de los trabajadores cubanos y, por tanto, con toda una mala fe se alimenta la idea de una extrema pobreza en la Mayor de las Antillas. Sin embargo, la realidad es cualitativamente distinta y en rigor compleja. Aquí va una explicación, grosso modo.

Ante todo, debo decir que los medios de comunicación nacional han abordado este asunto en varios momentos. Por ejemplo, hace un año circuló “Cuba: salario nominal y salario real”, a cargo de Ángel Rodríguez Álvarez, de la Agencia Cubana de Prensa (ACP, también conocida por las siglas AIN —Agencia de Información Nacional), y el mes pasado fue publicado “Doble moneda en Cuba: ¿El problema de fondo?”, rubricado por Osvaldo Rodríguez Martínez , de la misma Agencia. Ello me permite concentrarme en los elementos que aprecio fundamentales en el tema de marras.

Es una verdad de Perogrullo que cada trabajador y la familia a su cargo satisfacen sus necesidades materiales y espirituales mediante el dinero devengado en la actividad laboral, principalmente. Pero en el caso cubano, existe otro medio que complementa el poder adquisitivo de las personas: los Fondos Sociales de Consumo (FSC) que se nutren tanto de la porción de la labor que entrega cada trabajador a la sociedad (plustrabajo) como de la naturaleza del sistema tributario cuyas contribuciones en parte se destinan al sostenimiento de actividades de carácter social.

Esencialmente, se trata de un mecanismo que garantiza una distribución suplementaria que permite la igualdad de oportunidades de las personas para acceder a los requerimientos indispensables del desarrollo humano, al contemplar   importantes medios destinados a la educación, la salud, la cultura, las ciencias y el consumo social, así como a los subsidios a personas necesitadas y los requerimientos de determinadas instituciones estatales y organizaciones de masas y sociales.

Para ilustrar, baste llamar la atención sobre la posibilidad de cursar los diferentes niveles de enseñanza y recibir una atención clínica con tecnología de punta sin necesidad de que el beneficiario desembolse dinero alguno y sin la menor discriminación por concepto de credo, sexo, edad, raza u orientación ideológica. Entonces, los FSC constituyen un recurso de extraordinaria valía para elevar el bienestar popular y, al mismo tiempo, representan un vehículo del tránsito paulatino al principio comunista de distribución con arreglo a las necesidades de las personas.

En correspondencia con lo hasta aquí significado, resulta obvio que quien trabaja en Cuba —también quienes no aportan a la sociedad por cualquier concepto— disfrutan de un poder adquisitivo que rebasa con crece el salario nominal (lo que se devenga) y el real (lo que se adquiere con lo devengado), situación que por muchísimo se aleja de la oferta capitalista.

Para precisar mejor esta última idea, mencionaré dos muestras con fuente en las Naciones Unidas, una organización muy poco sospechosa de pro comunista —sin ánimo de demeritarla: una, mil millones de personas viven con menos un dólar al día: esto quiere decir, para comer, beber, vestir y pagar el techo, la educación la salud… hasta los trajines de la muerte; dos, las familias en las naciones tercermundistas dedican alrededor del ochenta por ciento de sus ingresos a pagar los alimentos y el resto para beber, vestir y pagar el techo, la educación la salud… hasta los trajines de la muerte.

Pero también en el Norte desarrollado la situación es fea. Circula en la prensa internacional por estos días “¿Cuánto cuesta curarse en un hospital de la Florida?”, firmado por Bob Lamendola, en el que el autor, entre otros datos espeluznantes, revela que realizarse una tomografía cuesta 12 mil dólares  [www.granma.cubaweb.cu, 3/4/10 —tomado de Sun Sentinel]

Claro, sería de maravilla que ahora mismo se pudiera incrementar el salario o sueldo de las personas que trabajan en la producción y los servicios a lo largo y ancho del territorio nacional cubano. Estoy absolutamente seguro de que sería muy difícil encontrar a  alguien que se opusiera a una medida de tal naturaleza, si previamente deja de meditar acerca  de cuáles serían las condiciones que harían posible y sin perjuicio tan apreciable decisión.

Sin embargo, el Presidente Raúl Castro, en las conclusiones del último Período Ordinario de la Asamblea Nacional del Poder Popular el pasado diciembre, subrayó una tesis cardinal: “[…] en la actualización del modelo económico cubano, cuestión en la que se avanza con un enfoque integral, no puede haber espacio a los riesgos de la improvisación y el apresuramiento. Es preciso caminar hacia el futuro, con paso firme y seguro, porque sencillamente no tenemos derecho a equivocarnos”.

Por tanto, el aumento salarial en Cuba no puede ser obra del voluntarismo, sino de las condiciones que así lo propicie. O sea, para que crezca lo que devengamos, tiene que existir un notable incremento de las producciones y los servicios, so pena de agravar el problema.

En suma, para disfrutar de un mayor poder adquisitivo en Cuba, resulta indispensable trabajar más y mejor. Ello devendrá, por su propio peso, cese de la hoy incómoda circulación de la doble moneda, algo infructífero tanto para la economía nacional como para la familiar.