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Polémica en Rebelión: es Cuba o cierta izquierda, la que no aguanta más

La Habana no aguanta más. Joseba Macías. 13-08-2005

La izquierda no aguanta más. Manuela Viramonte. 15-08-2005 

 

"La Habana no aguanta más".Joseba Macías. 13-08-2005

Es el título de otro himno inolvidable a la cotidianidad de los "Van Van" que llenó de ritmos e ironías la ahora añorada Cuba, al menos para algunos- as, de los años ochenta del pasado siglo. La canción, en forma de "alegre salsa ma non troppo", hacía referencia a los problemas derivados de una inmigración interna que no cesaba y a una capital saturada de "orientales" a la caza y captura de mejores condiciones de vida en aquella Habana abierta, plural y contradictoria frente a la atonía y dificultades de provincias como Santiago, Las Tunas, Guantánamo, Holguín o Granma. Hoy, más de dos décadas después, cuando hemos pasado del "socialismo con pachanga" a un particular "ostracismo sin malanga", La Habana y el resto del archipiélago sobrevive como puede en medio de un mundo hostil extendiendo los bloqueos internos y externos por toda su geografía.

Hoy, casi cinco décadas después del "asalto al cielo", buena parte de los cubanos y cubanas forjados en el sueño del "hombre nuevo" nos muestran su cansancio nada disimulado de ser siempre la utopía del otro, el coto cerrado de idealismos pendientes en estos tiempos descreídos y cobardes en los que no existen paraísos.

La necesidad pervierte los valores y el alma no sale indemne en esta larga batalla por la supervivencia diaria, saturada de dobles morales, apagones en agosto (y en julio y en abril), carencias materiales (verdaderas carencias materiales) y nuevas estratificaciones sociales. Es cierto, por ejemplo, que hoy ya son una reliquia que baila con el rechazo y la nostalgia a partes iguales aquellas traducciones de las editoriales Ráduga, Mir o Progreso, los manuales inefables de la Academia de Ciencias o la "amistad inquebrantable" en aquel mundo hecho por Dios... con la ayuda desinteresada de la Unión Soviética.

Pero, añoranza práctica, en esta Cuba de ahora mismo son muchas las personas que recuerdan todavía las bondades quita-hambre de aquella carne rusa enlatada con la "vaquita" en su etiqueta. Es por eso por lo que situaba al principio de este artículo la evocación de los años ochenta convertidos para los cubanos-as de a pié en un tiempo de "excesos y abundancia", por mucho que estuvieran subsidiados y el precio a pagar fuera demasiado alto en otras instancias de la realidad social... "Un poquito de confianza". La ha vuelto a pedir Fidel a sus 78 años en su último discurso conmemorativo de un nuevo aniversario del asalto al Cuartel Moncada, convertido para la mayoría de la población nacida ya después de 1959, en un recurso épico-antropológico equiparable en el inconsciente colectivo de estas generaciones al ámbito de la prehistoria, por mucho que el principal protagonista siga estando ahí lleno de dignidad y venerable vejez.

Ocurre que la confianza, como recurso reiterado, pierde toda su fuerza movilizadora ante una realidad plagada de esfuerzos cotidianos y futuros siempre postergados... A los cubanos-as, lo cuentan ellos mismos, les gusta mucho criticar y criticarse pero, eso sí, con sus límites. La famosa "jodedera" e informalidad del Caribe, cuando se habla de las "sensaciones verdaderas", tiene sus fronteras domésticas y todo ello ha terminado convirtiendo el proceso en un juego perverso del "sálvese quien pueda" compatible, eso sí, con las "marchas del pueblo combatiente" contra un enemigo por lo demás nada metafórico... Hoy, objetivamente hoy, La Habana como ciudad-símbolo de un país que siempre fue para nosotros eternamente joven, no aguanta y ya. Los que se van la añoran, los que se quedan más, como canta Carlitos Varela. Música, siempre la música como terapia y mecanismo sustitutivo de luces en ausencia y sombras que se prolongan.

La Habana, asere, envejece lentamente mientras muchos de nosotros seguimos perdiéndonos nostálgicamente por sus cuadras, olores y sonidos imaginando la necesaria revolución pendiente dentro de la Revolución que se fue, conscientes de unos mimbres no existentes en ningún otro punto del planeta. Es entonces cuando desde un pequeño sótano-garaje habilitado como vivienda llega un sonido inconfundible de piano añejo reproducido en una radio de importación y la voz, esa voz de Bola de Nieve transportando el "Be careful, it´s my heart" hasta el feeling del bolero del trópico...

josebam@hotmail.com

La izquierda no aguanta más Manuela Viramonte. 15-08-2005

"La necesidad pervierte los valores" he leído en un artículo de Rebelión. La explotación pervierte los valores, afirma en cambio una corriente de pensamiento y acción que algunas veces es llamada izquierda. El capitalismo pervierte los valores. Otros en cambio creen que no. La historia de la literatura está llena de personajes que admiran a los explotadores porque creen que ellos, los explotadores, no necesitan someterse a los dictados de la necesidad. Si excluimos, claro, la necesidad de explotar a otros. La Habana no aguanta más, dice ese artículo apelando a las dificultades económicas. ¿Entonces qué?, preguntamos. Porque si la Habana no aguanta más lo que viene a continuación, y eso nadie puede dejar de saberlo, es el capitalismo. Un régimen en donde los cubanos serían explotados. En donde unos cuantos cubanos sacarían partido de ello, y unos cuantos españoles, y unos cuantos franceses y holandeses y norteamericanos. ¿Se trata de eso? ¿Tanta retórica, tantos adjetivos, tantos "tiempos descreídos y cobardes" para llegar ahí, para decir que la única disyuntiva que existe es entre capitalismo y capitalismo?

Por el momento los cubanos tienen dificultades y nadie se está beneficiando de ello, pero si muchos cubanos tuvieran dificultades y un porcentaje menor no las tuviera, entonces sería posible que algunos no-cubanos se beneficiaran. Al capitalismo ese artículo no le llama el "sálvese quien pueda". Y resulta extraño, porque si en Cuba se salvan todos, aunque modestamente, entonces no se salva quien pueda sino todos, pero no hay duda de que en Madrid como en Donosti, de momento, como en Paris o en Nueva York son unos pocos los que se salvan a costa de muchos que están en esas mismas ciudades y también fuera.

Se dice en ese artículo que Fidel pertenece para algunas generaciones al ámbito de la prehistoria, imagino que Chávez debe de pertenecer a un lugar aún más lejano. Por el contrario, muchos pensamos que si tiene sentido avanzar hacia algún sitio, si hay algo que nos espere distinto a la voracidad, la humillación y la tristeza, ese algo estará relacionado con la capacidad de los pueblos y de sus individuos para no aceptar ser explotados por otros, ser comprados por otros, ser dominados por otros. Muchos pensamos que lo que existe ahora en nuestros países, el abandono de los débiles, el despilfarro a costa de los débiles, la destrucción del futuro para satisfacer los caprichos de un porcentaje de la población, el consumismo que se lleva cualquier otro valor por delante, muchos pensamos que eso es lo que debería pertenecer al ámbito de la prehistoria.

Dice en fin el artículo que la Revolución se fue, como si la revolución tuviera otras piernas y otros brazos distintos a los de los cientos de miles de personas que la componen. Pero a mi modo de ver lo más desolador de ese artículo no es lo que dice, no son las medias verdades que siempre actúan como mentiras o el deseo de complacer a todos con frases del tipo: combatiente "contra un enemigo por lo demás nada metafórico". Lo más desolador es el lugar en donde se coloca para decir lo que dice. El lugar de quien siente nostalgia por la Revolución pero en realidad no la siente pues menosprecia todo aquello que la Revolución lucha por conseguir, el lugar de quien encubre la argumentación política con letras de canciones, olores, sentimientos, y no obstante está sin embargo argumentando, y su argumento es el mismo de quienes prometen: puesto que siendo libre y sufriendo los ataques de todos nosotros no has logrado alcanzar la prosperidad que yo disfruto, sé mi esclavo y te recompensaré, recompensaré a los diez o a los veinte o a los cien primeros que acepten ser esclavos así que date prisa. O capitalismo, o capitalismo.

Yo no sé si los cubanos están cansados de ser, además de muchas otras cosas la, como se dice en ese artículo, utopía del otro, eso tendrán que decirlo ellos. No obstante da la impresión de que quien está cansado es ese otro imaginario, ese otro que insinúa: ¿si a mí no me va tan mal, por qué voy a tener que seguir afirmando que la injusticia no es inevitable?. Pero ese otro no es el único. Hay más, hay un otro compuesto por todos los que hemos visto como los poderosos se permitían el lujo de jugar con nuestras vidas. Para ese otro Cuba no es una utopía sino el aliado más valioso. Ese otro está harto de oír cómo desde la derecha y con paternalismo se juega a decir a quien está siendo atacado: "ríndete, ya verás qué bien te va". Y no aguanta tener que oír lo mismo desde una supuesta izquierda nostálgica.

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