Raúl Rivero: agente imperialista disfrazado de escritor
Muchos creen que Raúl Rivero es un escritor cubano que estuvo encarcelado por lo que escribía, por sus ideas. Pero eso no coincide con la realidad. Fue detenido, junto con cubanos que eran dirigidos y financiados por EEUU, en una operación que coincidió con el supuesto final de la llamada guerra de Irak.
Documento distribuido en el frustrado acto de Raúl Rivero en Sevilla el 3-4-06
La Asociación de Amistad con Cuba Bartolomé de las Casas de Sevilla es una ONG que trabaja desde 1991 en la solidaridad con el progreso y el desarrollo de la Revolución Cubana, mediante Proyectos de Cooperación y otras iniciativas sociales y culturales.
Muchos creen que Raúl Rivero es un escritor cubano que estuvo encarcelado por lo que escribía, por sus ideas. Pero eso no coincide con la realidad. Fue detenido, junto con cubanos que eran dirigidos y financiados por EEUU, en una operación que coincidió con el supuesto final de la llamada guerra de Irak.
Jeb Bush, gobernador de la Florida y Colins Powell, secretario de Defensa norteamericano, entre muchos otros, argumentaron que la inmigración ilegal cubana, promovida y estimulada desde EEUU, era un ataque a la Seguridad de EEUU y posible justificación de una intervención. Cuba fue situada entre los estados terroristas. Las maniobras navales de la armada yanki se sucedían en el Caribe. James Cason, nuevo responsable de EEUU en la isla, promovió desde su llegada el estímulo a los planes anexionistas, en una inédita iniciativa nada diplomática. Que incluyó reuniones y dólares por toda la Isla.
Raúl Rivero no fue encarcelado por publicar artículos en el “Miami Herald”, el periódico extremoderechista que publicó “ahora Irak, mañana Cuba”. Ni por sus opiniones. Ni siquiera fue encarcelado por dirigir un grupo (Cuba Free Press) cuya sede está en Miami y cuya estrategia es apoyar los planes que amenazan la economía y la soberanía de los cubanos. Todo eso era bien conocido hace años Fue encarcelado por trabajar a las órdenes de una potencia enemiga, por cobrar dólares a cambio, por probarse que estaba bajo la dirección de James Cason, representante de EEUU en Cuba, algo que nada tiene que ver con ser o haber sido escritor. Eso es delito grave en cualquier país llamado moderno del mundo.
El 16 de septiembre de 2002, entre las seis y las ocho de la noche, James Cason, Jefe de la Sección de Intereses de EEUU en La Habana (SINA) sostuvo un contacto en su residencia con 17 “disidentes”, entre ellos Raúl Rivero Castañeda de Cuba Free Press. Cason expresó que trabajaría en función de implantar la política anunciada por el presidente George W. Bush. Preguntó cómo podía ayudar a la "oposición" y en qué medida había sido efectiva la colaboración que esa oficina les había brindado hasta el momento.
El 19 de diciembre de 2002 se produjo una reunión en la Sección de Intereses. Duró dos horas y media aproximadamente. James Cason se presentó con otros 12 funcionarios y 52 “disidentes” de diferentes grupos. Entre ellos Raúl Rivero. Al concluir el encuentro, a cada uno se le entregó bolsa con tres casetes de video en formato VHS y un radio portátil.
Aleida Godínez Soler, infiltrada de la seguridad cubana en la Fundación Nacional Cubano Opositora, declaró: “En febrero de 1999 el norteamericano Robert Emmet me pidió que lo llevara ante Raúl Rivero. También, me entregó 100 dólares para Raúl Rivero, una cámara fotográfica, rollos, etc”.
Manuel David Orrio del Rosario, infiltrado en la Asociación de "Periodistas Independientes" de Cuba, informó que. “El 8 de septiembre de 1995 a Rivero le llegaron 100 dólares”, “El 15 de abril de 2002 visité la residencia de Gonzalo Gallegos, primer secretario de prensa y cultura de la Sección de Intereses de EEUU en La Habana (SINA), en compañía de Raúl Rivero, Ricardo González Alfonso, Oscar Espinosa Chepe, Carmelo Díaz Fernández, Pedro Pablo Álvarez Ramos, Edel José García Díaz y Luis García” y “El 6 de junio de 2002 participé en un almuerzo ofrecido por la jefa de la SINA, Vicky Huddleston, junto a otros 7 funcionarios de la SINA. Junto a la Jefa de la SINA se sentaron Raúl Rivero, de Cuba Free Press y otros. Antes de salir, los diplomáticos de la SINA nos entregaron a cada uno de los participantes un maletín. Tenía materiales para facilitar el trabajo como periodistas, tres radios portátiles marca Tecsun, una linterna acuática con batería solar y ejemplares de los formularios para las becas que otorgaría esa sede, insistiendo en que los aspirantes debían ser personas desafectas al gobierno”.
Fuentes jurídicas cubanas han informado que Raúl Rivero y otros miembros del grupo de los llamados “disidentes” recibían dinero y otros materiales del exterior de Cuba. Entre otros de: Ángel Cuadra Landrove, cubano radicado en Miami, de la Asociación de Exprisioneros y Combatientes Políticos Cubanos, Frank Hernández Trujillo del norteamericano Instituto para la Democracia en Cuba, Roberto Rodríguez Tejera periodista vinculado a la extrema derecha de Miami y Robert Menard, director de Reporteros sin Fronteras que ha sido reiteradamente relacionado con la CIA.
Fuentes cubanas informaron que Nancy Pérez Crespo, representante en Miami del grupo Cuba Free Press, que dirige Raúl Rivero, es agente de la CIA, directora ejecutiva del Instituto Cultural Floridano Israelí y locutora de la emisora Voz del Partido Afinidad Nacional.
El documento incluia fotos con los siguientes pies:
presentación del libro ojos abiertos en la mesa, de izquierda a derecha Victor Manuel Domínguez, Raúl Rivero y Gisela Delgado. Sentados a la derecha: Nicholas j. Giacobbe, James Cason (SINA) y el segundo secretario de la Embajada Sueca, Fredick Floren entre otros
Vicky Huddleston, jefa de la SINA y Raúl Rivero en la residencia de la diplomática norteamericana
René Gómez Manzano, Martha Beatriz Roque, Félix Bonne, Raúl Rivero y Elizardo Sánchez
Con el ultraderechista del PP Guillermo Cortázar y Elizardo Sánchez
Recibimiento especial a los mercenarios en la sede de la Cancillería española en la Habana. Raúl Rivero saluda al presidente José María Aznar. A su lado, Gustavo Arcos Bergnes, Oswaldo Payá y Héctor Palacios.
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